Ciencia Ficción, Criticas de Películas, Historia del Cine

2001 ODISEA DEL ESPACIO

El título que hoy nos ocupa no es uno cualquiera, sino el que por excelencia y calidad más ha aportado el género de la ciencia ficción, siendo de hecho la obra magna del género de ciencia ficción  del cual todos los directores reconocen su influencia y referencia como imprescindible. 

De hecho, muchos de ellos reconocen que desde que Stanley Kubrick creó esta obra de arte es cuando propiamente el cine adquirió el reconocimiento de séptimo arte .

 Nos encontramos antes una película que se estrenó el 4 de abril de 1968 en sus estreno americano y que aquí (ESPAÑA) no llegó hasta el 17 de octubre de 1968,

 Su presupuesto fue de 12.000.000 de dolares y su recaudación en taquilla fue de 56.715.371.00. Por lo tanto funcionó muy bien también comercialmente.

El argumento parece sencillo y básico pero nada puede ser sencillo en el cine de una de las mentes más brillantes que ha creado algunas  de los mejores títulos de la historia del cine apoyándose en el talento de Arthur C. Clarke

Arthur C. Clarke. Se basa en el relato breve “The Sentinel”, de Arthur Clarke (1917-2008), escrito para un concurso de la BBC y publicado (1951) en el magazín “10 Story Fantasy ”Se rueda en escenarios naturales de Inglaterra (Borehamwood), Escocia (Western Islands) y EEUU (Monument Valley) y en los platós de Shepperton Studios (Surrey, Inglaterra) y MGM British Studios (Borehamwood), con un presupuesto de 10 M USD. Nominado a 4 Oscar, gana uno (efectos visuales).  Producido por Kubrick para Polaris y MGM, se estrena el 2-IV-1968 (Washington D.C., preestreno).

La acción dramática tiene lugar en la Tierra, la Luna, una estación orbital y más allá de Júpiter.  La narración se refiere a una época de 4 M de años de antigüedad, a los años 2001 y 2002 y al 2012 (circa).

 Hace 4 M de años un primate descubre un arma de combate (el fémur de un animal de envergadura muerto joven), que le permite cazar, dominar a los suyos, someter a los rivales y asesinar. Los homínidos dejan de ser carroñeros para convertirse en cazadores. En 2010 una nave espacial tripulada por los astronautas Frank Polle (Lockwood) y Dave Bowman (Dullea), se dirige a la base lunar Clavius. Un tiempo después (18 meses más tarde) la nave es enviada a Júpiter, que rebasa para introducirse en una nueva dimensión.

El film suma aventuras, misterio y Sci-Fi. La narración se presenta dividida en tres actos, a la manera de las obras del teatro clásico. Analiza tres hechos trascendentales: el salto de las habilidades manuales a la inteligencia natural, el salto de la inteligencia natural a la artificial y el paso de la tercera dimensión a una nueva dimensión, a la que no da nombre. El relato no se basa ni en delirios fantasiosos, ni en especulaciones de una imaginación gratuita y desbordada. El discurso narrativo se apoya en datos científicos rigurosos y en previsiones fundamentadas. Gracias a su perspectiva documental, la descripción del Universo en el que viaja la nave Discovery 1 coincide básicamente con las imágenes obtenidas en viajes interplanetarios posteriores de ingenios mecánicos o robots y en el viaje a la Luna que realizó el Apolo 11 de la NASA en julio de 1969.

No emplea planos caprichosos, ni escenas redundantes, ni secuencias superfluas. Muestra en los planos sólo lo que es esencial, imprescindible y relevante. Su discurso se hace austero y riguroso. La exposición es seria y realista: no contiene elementos de broma o farsa referidos al objeto de análisis o a partes del argumento. Rompe con la tradición de las narraciones juveniles de temas imaginarios y de Sci–Fi que le precedieron. El relato da saltos en el tiempo y en el espacio, confiando en la atención y la capacidad de comprensión del espectador, al que trata con respeto, pero sin concesiones a la ausencia de esfuerzo.

Se trata de la película de ciencia-ficción por excelencia de la historia del cine narra los diversos periodos de la historia de la humanidad, no sólo del pasado, sino también del futuro. Hace millones de años, antes de la aparición del «homo sapiens», unos primates descubren un monolito que los conduce a un estadio de inteligencia superior.

 Millones de años después, otro monolito, enterrado en una luna, despierta el interés de los científicos. Por último, durante una misión de la NASA, HAL 9000, una máquina dotada de inteligencia artificial, se encarga de controlar todos los sistemas de una nave espacial tripulada.

2001” es ese monolito, ese tótem cinematográfico que marca un antes y un después en la historia del cine de ciencia ficción. Esta palabra le corresponde con toda justicia. La preocupación de Kubrick por el verismo de todo lo que aparecía en la pantalla hace que estemos ante una película en la que las especulaciones que muestran vienen sostenidas por sólidas bases hasta hacer de “2001” una ficción, exenta de realidad, pero llena de realismo.

En sí es una ópera (es grandiosa, épica desde las primeras imágenes. Kubrick hablada de “odisea de la humanidad”) en tres actos, cada cual más subyugante e inspirado, hecha desde una inspiración asombrosa (no se volvió a hacer una película tan arriesgada), pero destilada hasta la pureza, lo que hace que sea una película milimetrada, magistral, donde nada sobra o falta para lograr un espectáculo fascinante y enigmático.

Es cine en estado puro. Pese a su extenso metraje, no creo que lleguen a 20 minutos los diálogos de la película, lo que hace que toda la fuerza, toda la fascinación venga dada por una imagen cuidada, impactante, magnética, que se queda grabada para siempre en nuestras retinas. A esto se suman unos efectos especiales (ideados por el propio Kubrick y Douglas Trumbull, que también fotografiará y haría los FX de “Blade Runner”) que aún hoy mantienen el tipo.

Ninguna película ha hecho correr más ríos de tinta que está. O se la ama o se la odia; ¡pero es imposible permanecer indiferente ante ella! Un guión maravilloso, basado en un relato corto de Arthur C. Clarke, nos lleva desde los albores de la humanidad (aprovechando para mostrarnos el primer asesinato de la historia) hasta un nuevo y inescudriñable amanecer. Entre estos dos extremos toda una descarga de imágenes, de una puesta en escena majestuosa, con un montaje que hace que la imagen te impregne, te lleve a reflexionar, pues en esta película Kubrick muestra todo, pero no explica nada (Clarke, cuando posteriormente hizo el libro se encargó de despejar en sus párrafos todos los misterios que contenía “2001”) y una música que trasciende su mero papel de acompañante hasta hacerte sentir la “sinfonía del universo” (Ningún director se acerca al manejo magistral que Kubrick siempre logró con sus bandas sonoras). La danza espacial al ritmo del “Danubio Azul”; la inmensidad y soledad del universo remarcado por las inspiradas notas de György Ligeti, o el archifamoso amanecer lunar al son de los compases de “Así habló Zarathustra” siguen resonando en nuestra memoria.

Punto y aparte merece el duelo de HAL 9000, quizá la parte más clásica de la película, pues puede ser contemplada cómo un sólido thriller de la máquina (es el personaje mejor construido, el más humano, y a la vez el más abstracto) contra el hombre.

Solemos llamar al cine “7º Arte”; pero hasta que no llegó “2001” no podemos aplicar con justicia este término, pues sale del territorio de calificativos como magistral para situarse como “obra de arte”. Nada más y afortunadamente nada menos.

¿Te puede interesar cómo hace cinco millones de años, un grupo de primates, pudo adquirir una cualidad única entre los otros animales. La inteligencia?.

¿Te puede interesar la reciente aparición de la inteligencia artificial, y cómo ésta puede rebelarse contra su creador,»el ser humano»?

¿Te puede interesar el futuro de la «inteligencia» desvinculada de las ataduras de un ser vivo o artificial?

Pues esta película te presenta esto: el pasado, el presente, y un posible futuro para el ser humano.

¿Qué otra película se ha atrevido a contar una historia semejante? .Creo que ninguna otra. Quien diga que esta película no tiene historia…Me callo.

2001…se rodó para el cine, se presentó en Cinerama, comparable al IMAX de hoy en día. El ritmo narrativo está pensado para apoyarse en el formato espectacular de la gran pantalla. Donde el espectador podía contemplar cada detalle en su justa medida de tiempo y sumergirse en las profundidades del Universo.

Me admiro que les haya gustado a personas que solo la han visto en la butaca de su casa, y creo que muchas opiniones negativas cambiarían si tuvieran la oportunidad de verla en el formato para el que fue creada.

John Lennon, que era amigo de Dan Richter, el mimo que interpreta al homínido encargado de lanzar el hueso que dio lugar a la más famosa elipsis de la historia del cine, dijo en cierta ocasión que “2001 una odisea del espacio” se debería proyectar en las iglesias 25 veces al día. Y estoy de acuerdo con él.

Porque «2001», bajo su envoltorio de película de ciencia ficción, es también una película religiosa en el sentido más esencial -ese que indaga en los misterios más trascendentes. Tal vez por esa razón ha dado lugar a más interpretaciones que ninguna otra. A este respecto convendría recordar las palabras del propio Kubrick, cuando afirmaba que había concebido la película como una experiencia sensorial más proclive a ser captada por esa intuición infantil con la que nos abrimos, maravillados, al misterio del universo, que por la lógica convencional con que cartografiamos la realidad con el fin de volverla manejable.

Delineándose bajo el resplandor de ese misterio, podemos deducir que el verdadero argumento de la película es, a grandes rasgos, la evolución de la vida (o de la conciencia) en el Cosmos. Una evolución jalonada por saltos paradigmáticos provocados por una misteriosa fuerza (el monolito), que tanto podría aludir al Vacío budista, a inteligencias extraterrestres, como a Dios. En este sentido, los dos últimos conceptos podrían solaparse, pues seguramente existan en el Universo formas de vida tan evolucionadas que podríamos atribuirles cualidades divinas.

Pero 2001 obvia tanto las mitologías religiosas tradicionales como los clichés sobre extraterrestres, para proponernos un viaje mítico, que, a semejanza de las antiguas epopeyas, conduce primero a la especie, y luego al héroe individualizado, hacia dimensiones desconocidas, que al final le llevan, presumiblemente, a reencarnarse de nuevo (ley de la conservación de la energía, universo cíclico). Y tal vez, del mismo modo que las máquinas acabarán teniendo un alma, acaso el hombre termine transformándose en Dios (por denominarlo de algún modo).

Eso nos lleva a otro de los temas a los que alude 2001: la dualidad entre inteligencia (o vida) “natural” y “artificial”.

Una dualidad ficticia, pues a partir de cierto nivel de desarrollo la frontera entre “natural” y no natural, entre máquinas y seres biológicos, así como entre dioses y todo lo demás, tiende a desaparecer. Y así, la burocrática frialdad de los astronautas contrasta con la tortuosidad existencial de HAL, en el fondo más “humano” que estos. Entrando en aspectos técnicos, destacaría el acierto de su ritmo pausado, hipnótico, casi litúrgico, así como la excelencia de la soberbia fotografía y decorados. Hay que destacar también la fabulosa banda sonora compuesta por piezas de música clásica y contemporánea (siendo desechada por Kubrick, para mí muy acertadamente, la música más convencional que compuso Alex North). En cuanto a los efectos especiales: aún sorprende su realismo pre-infográfico. Y es que 2001 luce un look increíblemente realista y adelantado para su época, a pesar de que se emplearon algunas técnicas artesanales rescatadas de la época de Meliés.

Estamos, en definitiva, ante una película inabarcable, una película experimental aunque hecha con todos los medios de una superproducción, en la que Kubrick supo extraer lo mejor de un equipo de colaboradores excepcional (entre ellos, además de figuras reconocidas como el escritor Arthur C. Clarke o Anthony Masters, diseñador de producción, cabe mencionar a gente casi anónima como Liz Moore, joven y prematuramente fallecida escultora del “bebé de las estrellas”, que ni siquiera aparece en los créditos), y con cuya colaboración Kubrick consiguió plasmar una de las obras de arte más geniales y revolucionarias que se recuerdan.

Como dijo alguien: 2001 Una Odisea del Espacio es mucho más que una película, es una experiencia espiritual.

2001: una odisea en el espacio» tiene algo, algo indefinible, algo grandioso, algo enigmático. Es hermética hasta la exasperación y, al mismo tiempo, es sencilla y transparente…. Tiene un regusto a epopeya, a poesía de muchos quilates. Encierra secretos, intuiciones, muchas claves y pocas certezas. Por tanto, se nos presenta abierta, polisémica, inquietante, turbadora. 

Por todo eso, no envejecerá nunca.

Uno de los más inspirados esfuerzos que se han realizado para mostrarnos el universo del que formamos parte.

Donde el arte nos sirve como puente hacia infinitos secretos y preguntas cuyas respuestas quizás nunca conozcamos. 2001 no puede darnos certezas concretas a nuestras inquietudes metafísicas o dudas más íntimas, pero sí nos invita a ampliar nuestro limitado campo de visión, a veces demasiado centrado en nuestro pequeño micromundo terrestre. Y es que en medio del vasto universo -infinito o no- un ser/niño es tan infinitesimal como el astro más lejano, o tan enorme y bello como el planeta más cercano y luminoso.

PREMIOS:

41 Edición de los Oscar (1969) – Películas de 1968.

-Oscar a las mejores Efectos Especiales

BAFTA 1969: Premios de la academia de cine británica (Películas de 1968):ganadora

Mejor fotografía (Geoffrey Unsworth)

ganadora

Mejor banda sonora (Winston Ryder)

ganadora

Mejor dirección artística (Color) (Anthony Masters, Harry Lange, Ernest Archer).

Premios David di Donatello 1969:

Ganadora Mejor productor extranjero (Stanley Kubrick)

Premios Hugo 1969:

Mejor presentación dramática

Mejor productor extranjero (Stanley Kubrick)

ganadora

Mejor banda sonora (Winston Ryder)

ganadora

Mejor dirección artística (Color) (Anthony Masters, Harry Lange, Ernest Archer)

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