JAPONES

THE BOXER

El precio original era: 71,38 €.El precio actual es: 70,17 €. *IVA Incluido

Género

Drama | Deporte. Boxeo

Sinopsis

Hayato fue un gran boxeador que actualmente vive desdichado apagando sus penas con alcohol. Un día se presenta en su casa Tenma solicitándole ayuda para entrenarlo y así poder llegar a ser una gran figura del boxeo. Aunque inicialmente Hayato no tiene intención alguna en entrenar al que fue el asesino de su hermano, una vez que averigua que este murió en un accidente fortuito, se decide a comenzar el entrenamiento.

(Shuji Terayama, 1977)

CRITICAS

Probablemente sea el único que piense así, pero prefiero ver esta película de boxeo inédita que la aclamada Rocky. Rocky se estrenó un año antes y existen innumerables similitudes. Terayama mejora la película original diez veces y convierte la historia en una película deportiva apasionante, tensa y entretenida.

La historia trata sobre un boxeador al que le acaban de decir que debería abandonar el boxeo. El día anterior, mata accidentalmente a un hombre en una obra en construcción. Se acerca al hermano de la víctima, quien fue maestro de boxeo años atrás, para que lo entrene y lo convierta en el próximo campeón.

Los montajes de entrenamiento (lo que a todos les encanta de Rocky) me parecieron la mejor parte de la película. Utilizando el paisaje industrial, las vías de tren desoladas, las carreteras abiertas y los puentes de hormigón, Terayama transforma una ciudad contaminada y en decadencia en algo estilizado y memorable. La historia es increíblemente predecible, lo que limita su estética extravagante característica, aunque todas sus demás técnicas de autor están presentes. Música impresionante, una paleta de colores cambiante, vías de tren y una clara influencia de Fellini.

UGETSU / Cuentos de la luna pálida

El precio original era: 58,02 €.El precio actual es: 56,81 €. *IVA Incluido

Género

Drama. Fantástico | Siglo XVI. Japón feudal. Sobrenatural

Sinopsis

Japón, siglo XVI. Durante la guerra civil, los aldeanos Genjuro y Tobei pretenden hacer fortuna: Genjuro como alfarero y Tobei como samurai. Ambos dejan a sus esposas abandonadas para cumplir con sus ambiciosos sueños. La misteriosa Lady Wakasa, otra víctima de la guerra, se cruzará en el camino de Genjuro.

(Kenji Mizoguchi, 1953)

CRITICAS

Ugetsu monogatari es una autentica joya del cine, es la belleza misma. Una interesante mezcla con lo más característico del cine japonés de la época: Tiene un poco de cine fantástico (está basado en una leyenda japonesa), un poco de melodrama, típico de la obra de Mizoguchi, de relato feudal, de retrato social, de cine de samuráis… Todo subyugado al tema, no por evidente menos certero, que gira alrededor de la avaricia y la codicia. Así, “Cuentos de la luna pálida de agosto” actúa como una especie de compilación de lo mejorcito del cine japonés.

En el apartado formal la película es impresionante, una de las cotas más altas del incuestionable maestro. Desde la milimétrica composición de los encuadres en los que tanto personajes como espacios y atrezzos están maravillosamente hilvanados, hasta la impresionante fotografía que dota a la película de un aureola fantasmagórica y tétrica excepcional, jugando con los claroscuros como pocas veces se ha visto en el cine. Los actores, como es común en Mizoguchi, están espléndidos y la música logra ese efecto unificador y mágico que tanto es de agradecer y tan pocas veces se «ve».

Formalmente, una maravilla. Una de esas pelis que todo cinéfilo en ciernes debería ver sí o sí para saber de qué va esto del cine. Pocas veces veremos en una gran pantalla una composición de planos tan perfecta, un aprovechamiento de la iluminación tan oportuno y un ritmo narrativo tan grácil y elegante.

Nada que objetar, tampoco, a su incuestionable moralina. Porque la tiene, claro ¿Y qué? Al fin y al cabo todos sabemos que la felicidad plena es una utopía y que “la avaricia rompe el saco” ¿no? Mizoguchi, en cualquier caso, demuestra que sabe manejarse como pez en el agua en el ámbito melodramático y que la desmedida expresividad interpretativa de los actores japoneses, bien canalizada, puede constituir un recurso cinematográfico tan legítimo como eficaz.

En definitiva, no por tópico menos cierto, una obra de arte.