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TIPO
- CineCine 5
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- Terror 474
- Thriller/ Policíaco 1069
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Shochiku
EL IDIOTA
Género: Drama
Grupos: Adaptaciones de Fiódor Dostoievski
Sinopsis
Adaptación de la novela homónima de Dostoievski. Kameda, condenado a muerte por crímenes de guerra, en el último momento se salva de ser fusilado. La conmoción le provoca durante cierto tiempo fuertes ataques epilépticos; pero, al mismo tiempo, se produce en él una profunda transformación que algunos consideran «idiotez», pero que no es más que sencillez, bondad y una gran capacidad de amar. En un viaje a Hokkaido conoce a la joven Taeko. Cuando Akama, su enamorado, descubre que ella quiere en realidad a Kameda, no podrá dominar sus instintos asesinos
(Akira Kurosawa, 1951)
CRITICAS
En “El Idiota”, Dostoievski quiso dibujar un ideal de hombre positivo, excelso, de alma pura e inocente, abierta y compasiva, sin cerrazón egoísta.
Con el príncipe Mishkin cuajó un arquetipo como el Quijote, Don Juan, Hamlet o Edipo. En la tradición rusa de los ‘iurodivi’, los locos santos, Dostoievski le situó al final de un linaje aristocrático cuyo refinamiento contrastaba con la corrupción de una nobleza entregada al afán de lucro. Enfermo de epilepsia, el antiguo ‘mal sagrado’, antes de regresar a una vida normal había pasado varios años en un sanatorio suizo. Ya en el tren coincide con un joven temperamental y violento, el primero de los personajes apasionados que lo buscarán como testigo de sus inflamados actos; que lo reverenciarán, detestarán, amarán y odiarán por celos, en un constante vaivén de turbulencias muy apropiadamente comparable a una montaña rusa.
Dostoievski conocía en primera persona la epilepsia y supo transferir a su personaje el momento singular de la enfermedad, los culminantes instantes de lucidez previos al ataque, semejantes a un éxtasis o iluminación, y también la terrible fragilidad por la vecina locura.
Aun siendo larga la película (hay dos versiones, y la breve dura casi tres horas), Kurosawa sintetizó mucho el argumento, repleto de incidencias, y reflejó con acierto lo esencial, si bien el perfil del protagonista sufre radicales modificaciones: no es un exquisito príncipe ruso sino un soldado japonés, Kameda, que tras la IIGM es devuelto a casa desde un hospital americano. El trauma de un simulacro de fusilamiento le provocó epilepsia y lo volvió aparentemente idiota, en el sentido de inocente y falto de malicia más que en el de deficiente.
(Este detalle del fusilamiento fingido lo tomó Kurosawa de la vida de Dostoievski quien, como prisionero político, padeció la experiencia y sufrió por ello la enfermedad epiléptica de por vida.)
Ya en el tren, Kameda va encontrando a los equivalentes japoneses del reparto novelesco: el ya mencionado joven temperamental, la cortesana que esclaviza corazones, los parientes influyentes, el secretario bobo de solemnidad, el burócrata servil, la joven de espíritu ardiente… personajes todos que abren el alma en llamaradas emocionales.
Kurosawa, el más occidental de los directores orientales, busca un terreno común a ambos mundos. Rusifica el paisaje, un insólito Japón bajo nieve continua por el que se circula en trineo, y añade corales eslavas y pasajes de Mussorgsky. La devoción por John Ford es patente al describir la vida familiar. La madre parece estar prestando colaboración desde cualquier película fordiana.
Lo oriental es perceptible en el ritmo parsimonioso. En consonancia con las tormentas pasionales, hay circulación e intercambio de miradas que se prolongan durante minutos, con carga eléctrica.
El ahondamiento del director consigue mostrar palpitante ese corazón puro que despierta en los demás la conciencia de que la bondad no es una quimera.
EL SABOR DEL TE VERDE CON ARROZ
Género
Drama. Romance
Sinopsis
Takeo, una mujer caprichosa de la alta sociedad de Tokio, se aburre con su marido, un hombre tranquilo, que se ha educado en el campo, aunque ahora es ejecutivo de una empresa
(Yasujirō Ozu, 1952)
CRITICAS
Esta película no es de las más demostrativas de Ozu: como un koan, mantiene su secreto a costa del riesgo de resultar trivial para un espectador apresurado.
Pero las imágenes destacan por encima de la levedad de la anécdota que van mostrando: podemos descubrir paralelismos insospechados con obras de autores que nunca coincidieron con Ozu y que, por otra parte, no tienen nada que ver: la belleza de algunas de sus composiciones abstractas (torres metálicas, pasillos con estantes, calles con postes y cables de la luz, la ladera de una montaña y unas banderas superpuestas, la copa de un árbol que llena el encuadre) recuerda las imágenes de fotógrafos posteriores, como Robert Adams; los retratos de personajes solitarios pueden traernos ecos de algunos cuadros de Hopper y la presencia misteriosa de los objetos (lámparas, cubos alineados en un pasillo, jarros y cuencos) evoca quizá a Morandi. Muchas de estas imágenes podrían sostenerse como fotografías en una exposición, desgajadas de su contexto narrativo.
El salto de eje puede quizá concebirse como una filosofía vital: ser capaz de mirar las cosas desde puntos de vista enfrentados, sin temor al principio de contradicción. Y ello no con una voluntad direccional y hegeliana, ya que aquí la única conclusión es el sentimiento, tan oriental, de la futilidad de todos los deseos, de todos los pesares. Como dice un personaje, vistos en la calle desde lo alto de un edificio, todos los humanos nos parecemos.
La película supone una dramatización, dentro de unos márgenes de enorme discreción, de lo cotidiano: historias mínimas, pequeños detalles como el sabor (que viene desde la infancia, como en Proust) del arroz con té verde, que al final son lo único que tenemos.
ESCANDALO
Género
Drama
Sinopsis
Miyako, una famosa cantante de ópera, es fotografiada junto al pintor Aoe, en un balneario de Izu. La foto es publicada algunas semanas después en el periódico sensacionalista Amor, con un texto totalmente falso. El pintor decide demandar a la publicación y contrata a un ambicioso abogado.
(Akira Kurosawa, 1950)
CRITICAS
Un nuevo trabajo comprometido de Kurosawa crítico con varios de los cánceres más poderosos de la sociedad moderna: el periodismo, la abogacía, las drogas y el juego. Lo encontrarán interesante aquellos que vieron en «Ikiru» una gran película, pues el personaje con más importancia es el de Takashi Shimura, que interpreta a un abogado cobarde que sucumbe fácilmente a la corrupción y ahoga sus remordimientos en alcohol.
Me sorprendieron un sentido del humor inesperado, una interesante banda sonora y un montaje bastante eficaz –todo un acierto lo de intercalar los titulares de la prensa de esa manera-. Me volvió a gustar la táctica de «varias películas en una». El juicio del final, bien gracias a los actores, pero no entrará a formar parte de los clásicos del género.
Kurosawa pone en entredicho los valores de la prensa más sensacionalista que existe como es la rosa en donde no importa faltar a la verdad si con eso se venden más revistas. Y por supuesto tampoco importa manchar la imagen de las personas implicadas. No nos estamos refiriendo a personajes de la farándula que ya de por sí tienen su vida manchada a base de venderla porque su ineptitud no les da para más. Sino que hablamos de gente con oficios sanos (un pintor y una cantante) alejados de todo ese circo mediático pero que desgraciadamente su punto de mira apunta directamente a ellos. Esta crítica deja paso a una todavía más grave y no menos actual como es la de la justicia. ¿Es realmente justa la justicia? Si estamos en el mundo y tenemos dos dedos de frente podremos respondernos a esta pregunta.
La extorsión, el chantaje y la difamación son el caldo de cultivo en el que los personajes navegan aparentemente sin un rumbo claro hacia la defensa de su honor. De su verdad. Y en esto, como muchas veces antes y posteriormente siguió demostrando, Kurosawa se maneja perfectamente entre esas aguas embarradas en donde sus personajes pueden salir a flote o perecer. Por algo este señor fue y seguirá siendo recordado como El Emperador del cine. Tocó prácticamente todos los géneros cinematográficos contando historias que perduran en el tiempo tanto por su importancia como por su relevancia en el pasado y el presente y, todo ello, con una técnica inconfundible que siempre le hizo no salir airoso de aquel proyecto en el que se embarcaba sino como un verdadero influyente para generaciones venideras.
Mención especial para las actuaciones de Toshiro Mifune y Takashi Shimura. Dos monstruos de la interpretación del cine japonés. Fieles a las personalidades que suelen caracterizan a sus personajes como el de un hombre más temperamental y seguro de sí mismo en el caso de Mifune o más abatido y sumido en sus pensamientos para Shimura, pero siempre ambos aportando algo fresco y particular a cada nuevo papel.
Ver el cine de Akira no siempre es fácil y, al menos en mi caso, me gusta pensar pasados uno o días en la película que haya visto de él. Y no es porque se requiera de una gran capacidad de compresión para entenderlas, sino que cuando se piensa en ellas pasado un tiempo, uno se da cuenta de lo bien que están contadas la historias y de lo bien hechas que están las películas en cada uno de sus aspectos y a nivel general. Y Escándalo no podía ser menos.
MEMORIES – EDICION COLECCIONISTA + LIBRO
Género
Animación. Ciencia ficción. Bélico. Aventuras | Película de episodios. Aventura espacial. Holocausto nuclear. Steampunk. Comedia negra
Grupos
Memories
Sinopsis
Tres historias de animación manga, basadas en tres historias gráficas cortas del maestro Katsuhiro Ôtomo, creador de «Akira»:
«Rosa Magnética» (dirigida por Koji Morimoto) está basada en un manga de Otomo, en el que dos astronautas, siguiendo una señal de auxilio, son arrastrados al mundo fantástico creado por los recuerdos de una mujer.
«Bomba Fétida» (dirigida por Tensai Okamura) es la historia de un joven químico que se transforma por accidente en un arma biológica imparable que se encamina directamente a Tokio.
«Carne de Cañón» (dirigida por el propio Katsuhiro Ôtomo) describe un día en la vida de una ciudad cuya única razón de ser es lanzar cañonazos a un enemigo desconocido
(Katsuhiro Ōtomo, Kōji Morimoto, Tensai, 1995)
CRITICAS
Las tres historias o capítulos que componen este magnífico film de animación se nos presentan bajo la sombra algo apocalíptica pero al mismo tiempo portentosamente brillante del mítico creador de «Akira».
Cada uno de los tres episodios tiene a mi modo de ver su particular encanto; los tres me gustán mucho, y cada uno a su estilo forman un conjunto que hacen de esta obra un disfrute para los sentidos.
Es cierto que el listón del público a la hora de valorar el animé está ahora muy alto, y los espectadores no son facilmente impresionables, aún así esta película es una maravilla.
Magnífica película de animación dividida en tres historias independientes.
1ª.-«Rosa Magnética»: Impresionante por su variedad, creatividad e idealización de dibujos fantásticos con un colorido, paisajes, escenas que son no ya de sueños sino de auténtica dimensión maravillosa. Pero muy triste.
2ª.- «Bomba Fétida»: Inquietante, pone el dedo en la llaga de una posible catástrofe de productos químicos escapados de algún laboratorio a la atmosfera terrestre, describe de forma irónica y pavorosa el avance de este peligro mortal hacia una megaciudad japonesa y la reacción de las autoridades para frenarlo. Conlleva en medio del dramatismo que describe bastante provocación de la sonrisa.
y 3ª.- «Carne de Cañón»: La más seria y tenebrosa de las tres historias, la menos simpática y agradable, con el militarismo y el belicismo como argumento principal. Muy crítica con la sociedad donde los mayores esfuerzos y riquezas se emplean en armarse en lugar de humanizarse.
Cine de animación de enorme altura, calidad y motivación del espíritu crítico, más para adultos que para niños.
PRIMAVERA PRECOZ
Género
Drama | Melodrama. Celos
Sinopsis
Un hombre casado de mediana edad, aburrido de la rutina cotidiana tanto en el trabajo como en su matrimonio, tiene una aventura amorosa con la hija de un colega suyo. Cuando su mujer descubre su infidelidad, tanto su vida como la de su familia quedarán completamente trastornadas
(Yasujirō Ozu, 1956)
CRITICAS
Se alza el Sol, los trenes empiezan a pasar, se escucha el bullicio de las fábricas, recién abiertas. Las chimeneas de piedra se alzan dominantes sobre las verdes praderas escupiendo humo.
Docenas de personas abandonan sus hogares, al mismo paso, como salidos de una cadena de montaje; soldados de oficina responsables del próspero crecimiento económico de la nación. Es hora de ir a trabajar.
Tras el que fuera su trabajo más importante y exitoso, Ozu se mantuvo un tiempo sin ponerse tras la cámara. En lugar de eso decidió ayudar a su amiga y colaboradora Kinuyo Tanaka en la realización de su segundo largometraje, «The Moon has Risen». Para alguien que había estado haciendo una película por año desde hacía tiempo, se antojaba preocupante el no ocupar la silla de director después de tres años, tanto más cuanto que los melodramas desarrollados en la intimidad del hogar estaban perdiendo popularidad en aquel momento; a esto se añadía la presión de los productores sobre Ozu, quienes le instaban a exponer temas modernos y a que abogase más por la juventud en sus obras.
El director se reunió con su habitual guionista, Kogo Noda, y se preparó para otro film ubicado en su género predilecto, el «shomin-geki», pero esta vez enfocando el problema desde el prisma de la sociedad japonesa posterior a la 2.ª Guerra Mundial en plena resurrección económica y el día a día de los trabajadores. Según comentó Ozu, deseaba «reflejar el sufrimiento en la vida cotidiana de un empleado mientras la sociedad que lo rodea está sufriendo fuertes y decisivas transformaciones».
Todo ello lo vemos en «Soshun», una de sus obras menos conocidas y mencionadas. Currante asalariado como tantos otros, Shoji Sugiyama trabaja eficientemente en una compañía manufacturera de Tokyo mientras comparte con su esposa Masako un no muy satisfactorio matrimonio, en el cual parece haberse instalado una distancia infranqueable; será en el transcurso de una excursión de empresa donde la vida de Shoji pega un vuelco al mantener un romance en secreto con su compañera Chiyo. Los rumores se acaban convirtiendo en un secreto a voces, y Masako no está dispuesta a que su marido le siga ocultando la verdad…
El escenario de la ruidosa y concurrida urbe, símbolo de la recuperación y el crecimiento, se presenta, sin embargo, como un claustrofóbico microcosmos invadido por la hostilidad y la frialdad; el ciudadano medio no tiene más opción que la de soportar con resignación esa vida de esclavo asalariado, conducida por jefes a los que poco importa su situación personal. El clima de insatisfacción y asquerosa rutina acaba por introducirse en el seno del hogar, y capaz de trastocarlo de arriba abajo; Ozu, pesimista y melancólico, nos introduce también en un drama que presenta los temas recurrentes de su obra.
Modernidad y tradición se enfrentan: la sensual y vivaracha Chiyo contra la buena, callada y fiel esposa Masako, lo que también se aplica al personaje de Shige, la madre de esta última, quien se manifiesta en contra de sus repentinas decisiones (Koichi, divertido, le dirá que está pasada de moda).
La influencia de los padres sobre sus hijos vuelve a aparecer, así como la invariable costumbre nipona (la mujer seguirá con el hombre; el matrimonio, pese a todo, se perpetuará; los lazos no se romperán). Entre tanto, los hombres recuerdan con nostalgia un pasado que seguramente fue mejor, un tiempo en que eran jóvenes con ilusiones y sueños, los cuales quedaron irremediablemente aplastados bajo la posguerra, el yugo de la vida urbana y la obligación del trabajo.